sábado, 28 de marzo de 2026

Ni todo vale ni todo suma. Crítica a un modelo que desplaza lo “nuestro”.

Y a las puertas del Domingo de Ramos, esta mañana he podido comprender aquello de lo “muy grande” que leía hace apenas unos días. Ya está aquí. Ya se conoce, por fin, un nuevo proyecto que ha iniciado su andadura.

Hoy se presentaba públicamente una nueva imagen y una nueva iniciativa: la asociación parroquial cofrade de la Coronación de espinas y María Santísima del Amor, Reina de Todos los Santos de Santa Teresita, envueltas en un discurso de ilusión y novedad. Sin embargo, una lectura atenta y lenta del texto, (cliquea y lee) obliga a ir más allá de ese entusiasmo inicial porque lo que oculta no es “tan inocente ni tan positivo” como se pretende transmitir.




Desde el respeto, pero con claridad, no comparto esta iniciativa por diversos motivos. El primero de ellos es su propio origen, que resulta, cuanto menos, inquietante. Y no por rechazo a lo nuevo sino por la debilidad de sus fundamentos. El origen del proyecto resulta, sencillamente, impropio de lo que se pretende construir. Que una supuesta futura devoción nazca de una compra impulsiva en un anticuario, sin comunidad previa, sin arraigo y sin un proyecto claro, no puede presentarse como una historia inspiradora. Más bien refleja una preocupante banalización de lo que significa generar devoción. Reconocer, además, que “hay que crearle una devoción” evidencia una concepción profundamente equivocada. La devoción no se fabrica, no se improvisa ni se decide. La devoción se recibe, se arraiga y se consolida con el tiempo y con el pueblo. Lo demás, por mucho que se adorne, corre el riesgo de quedarse en algo superficial.


Pero si el punto de partida es débil, el planteamiento de fondo resulta aún más cuestionable. La insistencia en adoptar e imitar modelos estéticos andaluces, presentándolo como un enriquecimiento, cuando en realidad delata una evidente falta de confianza en la identidad propia. Lanzando un mensaje implícito de que la Semana Santa logroñesa necesita ser corregida o completada desde fuera, como si su tradición, su sobriedad y su evolución histórica fueran insuficientes. No es una aportación: es una enmienda a la totalidad de lo que somos.

Afirmar que ciertos montajes “no son habituales aquí” no señala una carencia sino una diferencia que debería ser motivo de respeto. Porque es precisamente esa diferencia la que ha dado personalidad a la Semana Santa de Logroño. Pretender “actualizarla” mediante la importación de estéticas ajenas no es enriquecerla, es desplazarla. Y ese desplazamiento implica, inevitablemente, dejar en un segundo plano el legado construido durante generaciones.


Más preocupante aún es comprobar que esta no parece una iniciativa aislada, sino parte de una tendencia cada vez más evidente dentro de determinados sectores de la junta directiva de la Hermandad: copiar, importar y presentar como novedoso lo que simplemente es ajeno. Esta insistencia constante no solo empobrece el discurso, sino que transmite una idea especialmente grave, que lo propio no es suficiente y que lo heredado puede ser sustituido sin mayor reflexión.


A ello se añade un elemento difícil de ignorar: la progresiva construcción del “relato Santa Teresita” como un supuesto nuevo centro cofrade de la ciudad. La acumulación de iniciativas, discursos y expectativas en torno a este espacio no parece casual. Más bien apunta a la intención de generar un eje alternativo que, de forma más o menos explícita, compita con el núcleo histórico. Hablar de un “nuevo Vaticano cofrade logroñés” puede parecer exagerado, pero cada vez resulta menos descabellado a la vista de esta insistencia.

Sin embargo, conviene recordar algo esencial, el centro de la Semana Santa logroñesa no es intercambiable ni trasladable a voluntad. Su eje natural, histórico y devocional se encuentra en el casco antiguo, en torno a La Redonda, Santiago y Palacio. No por inercia, sino por historia, por arraigo y por sentido. Intentar desplazarlo, aunque sea de forma indirecta, no es innovar, es desconocer o ignorar deliberadamente la naturaleza de la tradición.


En definitiva, lo que se presenta como una iniciativa ilusionante corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de desarraigo. Porque cuando la novedad se basa en la importación sistemática, en la creación forzada de devociones y en la alteración de equilibrios consolidados, deja de sumar y comienza a dividir.

Por eso, más allá del entusiasmo inicial, se impone una reflexión seria y honesta: si este tipo de proyectos responden realmente a una necesidad de la Semana Santa logroñesa o si, por el contrario, obedecen a la voluntad de imponer un modelo ajeno que, lejos de enriquecer, puede acabar diluyendo aquello que nos define.





jueves, 26 de marzo de 2026

La Semana Santa de Logroño: entre la fe y el escaparate turístico.

Siguiendo con las noticias que van apareciendo en el periódico digital NueveCuatroUno sobre nuestra Semana Santa, no puedo dejar de detenerme en un nuevo artículo, (cliquea y lee), que expone con bastante claridad cuál parece ser hoy su sentido y cómo se percibe en la sociedad actual.

Sin embargo, lo que resulta más llamativo aún, es que estas afirmaciones vengan de don Francisco Marín de Diego, Hermano Mayor de la Hermandad, ya que, en cierto modo, resultan especialmente reveladoras y debo admitirlo, me han dejado perplejo.



Afirmaciones como «estamos preparando una Semana Santa de Logroño muy grande» no son una simple muestra de entusiasmo, son la evidencia de un cambio de rumbo. El uso de “muy grande” como principal valor no apunta a una mayor profundidad espiritual sino a una forma de entender la Semana Santa cada vez más centrada en lo grandioso, la visibilidad y la capacidad de atraer público. El problema no es crecer sino qué se sacrifica para hacerlo. Cuando lo importante pasa a ser lo más grande, lo más concurrido o lo más llamativo, la pregunta inevitable es: ¿qué lugar ocupa entonces el sentido religioso que da origen a la celebración?
En este contexto, el aumento de cofrades se presenta como un éxito rotundo. Se da por hecho que más inscritos equivalen a más compromiso, más vitalidad, cuando bien pudiera ser que reflejen lo contrario. En ningún momento se plantea si esos nuevos cofrades participan activamente o si, por el contrario, simplemente engrosan unas cifras que permiten sostener el relato del crecimiento.

Pero más preocupante aún resulta el giro explícito hacia el turismo. La Semana Santa aparece descrita casi como un producto de consumo: visitantes por la mañana, procesiones por la tarde y gastronomía por la noche; “qué mejor paquete”. Aquí queda claramente reinterpretada como una oferta turística, donde la fe se diluye en una propuesta de ocio en la que lo relevante no es tanto la vivencia espiritual como la capacidad de generar visitantes y actividad económica. La referencia a hoteles llenos refuerza esta idea: el éxito se mide en términos de ocupación y consumo. 

Vuelve a mi memoria una imagen que vi en su día en un blog sobre nuestra Semana Santa y al que animo a leer y seguir, (12 portadores), y que define con precisión el momento actual.


Esa insistencia a la “notoriedad” y a las calles llenas refuerza esta deriva. No se trata tanto de vivir la celebración como de demostrar que funciona, que atrae, que llena. Es la lógica del espectáculo, lo importante deja de ser lo que significa para centrarse en cuánta gente convoca.
En este marco, la tradición deja de ser un legado para convertirse en un decorado. Un decorado que debe ampliarse y perfeccionarse continuamente para no perder atractivo, desplazando así lo verdaderamente importante: el significado profundo de los rituales y las tradiciones que nos definen. Ni siquiera el recurso a la “tradición e innovación” logra sostener el discurso. La innovación no aparece como algo natural, sino como una estrategia para mantener el interés del público, vaciando el sentido de lo heredado.


En definitiva, lo que se dibuja es algo más profundo que un simple cambio de enfoque. Es una transformación de fondo. Una Semana Santa que en su obsesión por ser “muy grande”, corre el riesgo de dejar de ser lo que es y era. Porque cuando el espectáculo, el turismo y la rentabilidad ocupan el centro, lo religioso deja de ser el núcleo para convertirse en un pretexto.





miércoles, 25 de marzo de 2026

Memoria de una cofradía valiente

Ayer, uno de los artículos publicados en el medio digital Nuevecuatrouno, (cliquea y lee), ponía el foco en el protagonismo y la presencia de la mujer en nuestras cofradías. Una realidad que hoy asumimos con naturalidad, reflejo de una sociedad más justa e inclusiva. Sin embargo, no siempre fue así.

No hace tanto tiempo, la incorporación plena de la mujer a determinadas funciones dentro de nuestras cofradías generaba debate e incluso incomprensión. Nuestra cofradía, pionera en permitir que sus cofrades féminas cargaran a María Magdalena, vivió de cerca ese proceso de cambio, con sus luces y sus sombras. Quienes lo vivimos recordamos bien aquellos momentos en los que, ante comentarios impropios de lo que se espera de un cofrade, no quedó más remedio que responder con firmeza.



Hoy, además, la memoria nos lleva a una fecha significativa: se cumplen 29 años de la entrevista que el Diario La Rioja publicó el 23 de marzo de 1997 a Laura Briñas, cofrade por entonces. Aquel testimonio no solo recogía una experiencia personal, sino que dejaba constancia de un paso decisivo. La firme apuesta de nuestra cofradía por la igualdad, permitiendo que las mujeres cargaran a María Magdalena en las mismas condiciones que los hombres. Sin duda, una pequeña gran revolución en nuestra Semana Santa, que situó a nuestra cofradía entre las más avanzadas de su tiempo.


SALIR AL PASO


Diario La Rioja 23 de marzo de 1997.


Artículo escrito por: P. Álvarez-Isabel Briñas – E.S.M.


Un año más, fieles a su santa cita, las cofradías están ya preparadas para manifestarse. Desde fuera, sobrecogen. ¿Pero desde dentro? ¿Cómo son? Aquí lo cuentan tres de sus miembros, separados por la edad o el sexo pero unidos por su fe común.



La Semana Santa ya no es cosa de hombres. Aunque tampoco se puede hablar de igualdad en las cofradías. Porque si preguntas a Laura Briñas, (21 años,  desde los 5 en la Cofradía de María Magdalena), la respuesta es rotunda. “Hay muchísimo machismo aunque en mi cofradía no tanto”.


La devoción es la misma, las ganas son iguales, pero siguen quedando prejuicios. Después de ser acompañante y de participar en la banda de tambores, Laura quería vivir las procesiones desde debajo del paso.


“Después de llevar tanto tiempo en la cofradía, te dices, quiero llevar la imagen. Vas delante de ella, ves cómo la portan y cómo la bailan y, te pica el gusanillo” explica. Pero no es fácil.


“Enseguida te empiezan a decir que si eres chica, que si no tienes fuerza. Oyes comentarios, gente que dice que por qué la va a llevar una mujer habiendo hombres.” Ella no admite el prejuicio de la fuerza. “Hay gente llevándola que tiene menos fuerza que yo, hay personas muy mayores sacando el paso, gente que agacha el hombro y no lo mete”.


“Si ellos lo hacen, yo también puedo hacerlo”, se propuso y poco a poco va consiguiendo cosas. “Ha habido mucha gente que me ha apoyado”, afirma. El año pasado ya consiguió algo: sacó el paso pequeño, (la imagen que sale el Viernes de Dolor), durante gran parte de la procesión y le dieron varios relevos en el paso grande el Viernes Santo. Con todas las ganas del mundo y la intención de que nadie pudiera echarle nada en cara. “No sé si llevaba bien o mal el paso pero puse todo mi empeño. Aquí nadie va a notar que es una chica quien lo lleva porque no lo voy a dejar notar”.


De todos modos, meterse debajo del paso no es fácil, ni siquiera para los hombres. “Hay gente que dice, esta es mi vara y sólo la llevo yo, es algo que no entiendo”.


Para esta joven mujer, la igualdad debe llegar también a estos terrenos. “Es motivo por el que yo quería salir llevando el paso. Si se está consiguiendo igualdad en otras partes, también aquí”.


Y llevar un paso no es nada fácil. Salir con el pie izquierdo, marcar el paso, no pisar la túnica de quien va delante, llevar el ritmo con el báculo…, “La gente lleva sacándolo muchísimo tiempo y me llevan ventaja”.


Para hacer esto hace falta devoción. Ella no esconde su condición de creyente, “aunque últimamente no practico mucho”. Pero en Semana Santa visita la iglesia aunque no quiera porque también forma parte de la Coral de La Redonda. Todo un ejemplo de fidelidad a una creencia, algo que no es muy común entre los más jóvenes.


“El año pasado teníamos una cena el Miércoles Santo, yo fui a la procesión y hubo gente que se reía”. Lo que se pide en estos casos, como siempre, es respeto. “Respetad lo que hago y punto, dejadlo ahí”, es lo que pide Laura, aunque ella reconoce que hay poca gente de su edad que vaya a misa y, menos que hagan estas cosas.


Los 17 años de pertenencia a “La Magdalena” de esta estudiante de Químicas, “más que mucha gente mayor”, no son un caso aislado en su familia. Su padre y sus dos hermanos se enfundan también los hábitos grises y negros de esta cofradía. ¿Qué es lo que empuja a la gente a la Semana Santa? ¿Cuánto de auténtica devoción y cuánto de folclore queda en esta fiesta?


“Es folclore casi todo”, explica Laura. “Pero también hay mucha devoción. En “La Magdalena” salen muchas penitentes y ahí no hay más que devoción”. Pero el aspecto folclórico es algo que no se puede negar. “Llevo 17 años en la cofradía y hay mucha gente a la que no conozco porque sólo se les ve el Viernes de Dolor y el Viernes Santo. Y encima tapados”.


Pero estas formas de vivir la devoción están cogiendo auge, ahora hay bastantes más cofrades en la cofradía que antes. “Recuerdo años en los que no había relevos para los portadores”. Ahora hay de sobra y cómo no, tambores. “Era un poco triste ir en la procesión, oír tambores delante y detrás y La Magdalena, la pobre sin banda”.


Ahora La Magdalena saldrá con su banda, rodeada de sus cofrades y, si ningún prejuicio lo impide, con Laura bajo las andas. Y es que la Semana Santa ya dejó hace tiempo de ser cosas de hombres.




viernes, 20 de marzo de 2026

Artículo - Revista Semana Santa 2026

Un cuarto de siglo de fe, amor y recogimiento.




Este año 2026, la Cofradía de María Magdalena conmemora el 25 aniversario de la Procesión del Silencio y Dolor, una cita marcada por el recogimiento, la penitencia y el profundo amor con el que sus cofrades reviven uno de los momentos más conmovedores de la Semana Santa logroñesa.


Esta procesión nació en el año 2001 como un acto penitencial propio, fruto del deseo de expresar de forma más profunda el sufrimiento y acompañamiento que María Magdalena representa en la Pasión de Cristo pero también la esperanza de la Resurrección.





Desde aquel año, cada Viernes Santo, cuando a las doce de la noche se abre la puerta principal de La Redonda, el corazón del casco antiguo de Logroño se transforma en escenario de una procesión única. El paso de María Magdalena avanza en absoluto silencio: símbolo de lealtad, arrepentimiento y amor sin medida. Un silencio en momentos roto por el sonido seco del mazo, el golpeo de las horquillas y el murmullo de los pasos sobre los adoquines. 



Cada año, la Cofradía camina con María Magdalena con fe renovada, conscientes de que esta procesión no solo rememora el pasado, sino que fortalece el presente espiritual de quienes participan. Es un momento de reflexión no solo personal sino también colectivo, que medita sobre el dolor de la muerte de Cristo y la fidelidad de quien estuvo al pie de la cruz. Convirtiéndola en un espacio de discernimiento, donde el silencio se convierte en lenguaje sagrado.

Por ello, este aniversario es más que una cifra. Es un homenaje a todos los que, año tras año, han hecho posible esta expresión de fe: penitentas, cofrades, religiosos, feligreses y ciudadanos que, en silencio, acompañan y sienten. 


La Cofradía celebra esta efeméride con gratitud por el camino recorrido y mira al futuro con ilusión y humildad con el compromiso de mantener viva esta tradición que ya forma parte del alma espiritual de nuestra ciudad. Cada hermana y hermano, cada fiel, cada persona que presencia o participa en esta procesión forma parte de un legado que se construye con fe, devoción, amor y entrega.

Hoy, 25 años después, María Magdalena sigue caminando en la noche. Y el silencio sigue hablando al corazón. 




miércoles, 18 de marzo de 2026

Procesiones y actos - Semana Santa 2026

Hace unos días se hicieron oficiales los actos y procesiones de la Semana Santa de Logroño 2026. Un programa que vuelve a reunir a cofrades, fieles y visitantes en torno a unas celebraciones que llenan las calles de recogimiento, solemnidad y devoción.

En la guía-programación de la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño, se ofrece una completa relación de procesiones y actos que, a lo largo de los días, darán forma a nuestra Semana Santa. 

Cada desfile procesional, cada acto litúrgico y cada encuentro cofrade son expresión de una historia compartida y de un compromiso que se renueva año tras año.















La Semana Santa de Logroño 2026 se presenta así como un tiempo para la reflexión, la convivencia y la vivencia pública de la fe, manteniendo vivas unas tradiciones que forman parte de la identidad de la ciudad y que siguen transmitiéndose de generación en generación.






domingo, 15 de marzo de 2026

Ensayo general

Hoy se ha celebrado el tradicional ensayo general con los portadores y la banda, comenzando la cuenta atrás en el calendario hacia la Semana Santa. Un momento muy esperado que marca el inicio de los días más intensos, en los que la ilusión, la responsabilidad y el compromiso se sienten con más fuerza que nunca.






Vídeo Ensayo General 2026





Este ensayo ha sido, sobre todo, un reencuentro. Un tiempo para hacer comunidad y reconocernos como parte de una misma familia. Cada paso, cada indicación y cada compás compartido refuerzan los lazos que nos unen y nos recuerdan quiénes somos y por qué estamos aquí.

Fieles a nuestra identidad, esta mañana también ha servido para confirmar que nuestra cofradía sigue firme, viva y con mucha vida. 

Con el corazón dispuesto y el trabajo bien hecho, afrontamos lo que está por venir con la certeza de que, una vez más, caminaremos juntos acompañando a María Magdalena.