martes, 25 de agosto de 2026

Y después del verano… volvemos a caminar

El verano avanza, dejando atrás los días de descanso, las tardes largas, los viajes y esos momentos en los que intentamos desconectar de la rutina y recuperar fuerzas.

También el mundo cofrade parece entrar durante estos meses en una especie de pausa. Pero, ¿realmente se detiene una Cofradía durante el verano? Creo que no. Porque una Cofradía no es solamente lo que vemos durante unos días al año. No son únicamente las procesiones, los pasos en la calle, los tambores, etc. Una Cofradía es mucho más. Es aquello que permanece cuando todo eso desaparece de nuestras calles. Es la amistad, la convivencia, la oración, la memoria, el compromiso y sobre todo, el sentimiento de pertenecer a una familia.





Y precisamente por eso, cuando el verano comienza a tocar a su fin, llega también el momento de volver a mirar hacia delante. Esperando hasta que vuelva a llegar el momento. Pero mientras esperamos, también pensamos. Y quizá este sea uno de los mejores momentos del año para hacerlo. Sin las prisas de la Cuaresma ni la intensidad de la Semana Santa, el verano nos permite mirar a nuestra Cofradía con cierta distancia y preguntarnos qué queremos para ella, qué estamos haciendo bien y sobre todo, qué podemos mejorar. Porque comenzar un nuevo curso no debería significar simplemente volver a reunirnos y poner en marcha el calendario de actividades.  Debería significar renovar nuestro compromiso. Compromiso con María Magdalena, con nuestra Cofradía y con quienes nos precedieron. Con aquellos hermanos que durante tantos años trabajaron, muchas veces sin hacer ruido para que hoy nosotros podamos seguir vistiendo un hábito y acompañando a nuestra Santa por las calles de nuestra ciudad. No podemos olvidar que lo que tenemos hoy no apareció de la nada. Detrás de cada tradición hay personas, esfuerzo, sacrificio y muchas horas de dedicación. Y detrás de cada cofrade hay una historia que merece ser escuchada. Por eso, cuando hablamos del futuro, no deberíamos hacerlo olvidándonos del pasado. Avanzar, sí. Crecer, por supuesto, pero sin perder aquello que nos hace ser nosotros mismos.



En los últimos años hemos hablado mucho de renovación, de nuevos proyectos, de incorporar gente joven, de buscar nuevas formas de acercar las cofradías a la sociedad, etc. Todo ello puede ser necesario, pero quizá la verdadera renovación no consista siempre en cambiar cosas. A veces renovar es volver a lo esencial. Volver a la oración. Volver a la convivencia. Volver a ayudarnos unos a otros. Volver a entender que ser cofrade no consiste únicamente en salir en una procesión, sino en estar cuando hace falta, en acompañar al hermano y hermana, en participar, en colaborar y en mantener viva una devoción que hemos recibido de quienes estuvieron antes que nosotros.



Y aquí aparece, una vez más, María Magdalena. Ella tampoco se quedó quieta. Fue testigo de la Pasión, permaneció junto a la cruz cuando otros habían desaparecido y recibió el encargo de anunciar la Resurrección. Su vida es, en definitiva, un ejemplo de perseverancia, fidelidad y anuncio. Quizá por eso su figura tenga tanto que enseñarnos también cuando comienza un nuevo curso cofrade.



Después del descanso toca ponerse nuevamente en camino. Volverán los ensayos, las reuniones, los proyectos, los preparativos y seguramente, también las discrepancias. Porque una Cofradía viva es una Cofradía en la que hay personas que sienten, opinan, trabajan y se implican.

Lo importante será no olvidar nunca por qué estamos aquí. Que nadie se quede en el camino. Que quienes llegan encuentren una familia. Que quienes llevan muchos años sigan sintiendo que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que quienes algún día reciban nuestro testigo puedan mirar atrás y decir que supimos conservar aquello que merecía ser conservado.



El verano se acaba. Un nuevo curso cofrade comienza. Volveremos a encontrarnos, a hablar, a trabajar y poco a poco, volveremos a contar los días que faltan para que María Magdalena vuelva a salir a las calles de nuestra ciudad. Hasta entonces, disfrutemos de lo vivido, aprendamos de lo pasado y preparemos con ilusión lo que está por venir.




miércoles, 22 de julio de 2026

María Magdalena, faro de fe y fidelidad.


Hoy, 22 de julio, celebramos la festividad de santa María Magdalena, una de las figuras más profundas y cercanas del Evangelio. Su vida, marcada por la transformación, la fidelidad y un amor inquebrantable a Cristo, continúa siendo un faro que ilumina el camino de quienes, como nosotros, caminamos bajo su nombre y protección.

María Magdalena no fue solo testigo, sino protagonista de uno de los momentos más decisivos de la historia. Permaneció junto a la cruz en el dolor y recibió el anuncio de la Resurrección, convirtiéndose en la primera mensajera de la esperanza.



Esa esperanza es, precisamente, el corazón que late en nuestra Cofradía. Al contemplar su figura, encontramos reflejados los valores que dan sentido a nuestra identidad. La fidelidad en los momentos difíciles, la valentía de permanecer firmes y la alegría de anunciar que la vida vence a la muerte. María Magdalena nos enseña que el encuentro con Cristo transforma la existencia y nos impulsa a salir al encuentro de los demás con un mensaje vivo y necesario.



Como cofrades magdalenos, no podemos quedarnos únicamente en su ejemplo. Tenemos el deber de continuar transmitiendo ese mensaje de esperanza que Cristo confió a ella. 

En un mundo necesitado de consuelo, fe y sentido, nuestra voz, nuestros actos y nuestro compromiso deben ser eco de aquel primer anuncio pascual. No se trata solo de tradición, sino de responsabilidad. Ser portadores de una luz que no nos pertenece, pero que estamos llamados a custodiar y compartir.

En este compromiso ocupa un lugar esencial la custodia de la imagen de “La Magdalena” en la Concatedral de La Redonda. No es solo una talla venerada, sino un símbolo vivo de la fe de generaciones enteras de logroñeses y devotos. 

Cuidarla, protegerla y honrarla es también honrar la memoria de quienes, antes que nosotros, mantuvieron encendida esta devoción. Somos herederos de un legado que no puede perderse y nuestra tarea es transmitirlo con la misma entrega con la que lo recibimos.


Esa devoción a santa María Magdalena se hace especialmente visible y emotiva en las celebraciones de Semana Santa. Las penitentas y penitentes la acompañan en un caminar silencioso, cargado de recogimiento y devoción. Testimonio vivo de fe que atraviesa generaciones. En cada paso evocan el dolor, la fidelidad y el amor que la propia Magdalena vivió junto a Cristo. Son reflejo de una espiritualidad profunda que da sentido a nuestra Cofradía.

Nosotros, como cofrades, seguimos manteniendo viva esa devoción porque en Ella encontramos una forma de vivir. En María Magdalena descubrimos cercanía, humanidad y redención, en su historia, vemos reflejadas nuestras propias luchas y esperanzas.


Por eso seguimos, año tras año, reuniéndonos en torno a su memoria. Porque creemos en el mensaje que Ella anunció. Porque sentimos la responsabilidad de custodiar lo que hemos recibido. Y porque, como Ella, queremos ser testigos de que la esperanza nunca muere.



domingo, 28 de junio de 2026

María del Mar Cestafe Martínez, reelegida Hermana Mayor de la Cofradía de Santa María Magdalena

Los cofrades de Santa María Magdalena han decidido que María del Mar Cestafe Martínez siga al frente de la Cofradía durante los próximos cuatro años. La cofrade fue reelegida por unanimidad como Hermana Mayor en la Asamblea Extraordinaria celebrada el sábado 27 de junio, a las 20:00 horas, en los salones de la Concatedral de Santa María de La Redonda.


La convocatoria, realizada conforme a lo establecido en los estatutos, estuvo presidida por el secretario y por el cofrade de mayor antigüedad. A la elección concurrió una única candidatura, la encabezada por María del Mar Cestafe Martínez, que recibió el respaldo unánime de los asistentes.

El resultado de la votación será trasladado ahora al Sr. Obispo de la Diócesis, don Santos Montoya, quien deberá ratificar la elección para que pueda hacerse efectiva la toma de posesión del cargo.




Tras conocerse el resultado, Marimar tomó la palabra para agradecer la confianza depositada una vez más en su persona y a los miembros de la pasada Junta de Gobierno. Aseguró que afronta este segundo mandato con la misma ilusión, responsabilidad y compromiso que han marcado su gestión. Además, animó a todos los cofrades a seguir participando activamente y trabajando unidos para continuar fortaleciendo el presente y el futuro de nuestra Cofradía.

La reelegida Hermana Mayor afronta ahora una nueva etapa, aunque su trayectoria demuestra que sabe convertir los retos en oportunidades. Desde su llegada al cargo ha impulsado un importante relevo generacional, incorporando nuevas generaciones a la vida cofrade sin renunciar a la esencia, identidad y valores que caracterizan a Santa María Magdalena.

Entre los logros más destacados de su primer mandato figura la esperada restauración de la imagen, un proyecto largamente anhelado y que hoy es ya una realidad.

Con el respaldo unánime de la Asamblea y la experiencia adquirida durante estos años, María del Mar Cestafe inicia un nuevo mandato con el objetivo de seguir haciendo crecer a esta familia y afrontar los nuevos retos que el futuro depare. Que Santa María Magdalena la guíe, inspire y acompañe en esta nueva etapa de servicio al frente de la Cofradía.

miércoles, 10 de junio de 2026

La fachada de la Concatedral vuelve a engalanar el Corpus Christi

El pasado domingo 7 de junio se celebró la festividad del Corpus Christi, una de las celebraciones más significativas de nuestro calendario religioso. Con motivo de esta jornada, diversas asociaciones y cofradías de nuestra ciudad participaron en el engalanamiento del recorrido procesional a lo largo del tramo del Muro de la Mata, elaborando las tradicionales alfombras que, gracias a la paciencia, el esmero y la precisión de sus autores, aportaron colorido y realce al paso de la procesión.





Nuestra cofradía tampoco quiso faltar a esta cita tan especial. Gracias a la implicación y el trabajo de varios hermanos y hermanas, una vez más se puso de manifiesto su dedicación y habilidad en la confección de una alfombra que reproducía la fachada principal de la Concatedral. Este diseño, que ya viene realizándose desde hace varios años, se ha convertido en una seña de identidad de nuestra participación en esta festividad, despertando la admiración de vecinos y visitantes.



Desde aquí, queremos agradecer a todos los que colaboraron en su elaboración, contribuyendo con su esfuerzo a mantener viva esta hermosa tradición y a engrandecer esta celebración.

viernes, 15 de mayo de 2026

Por una Semana Santa con verdad, memoria y respeto

Una vez transcurridas varias semanas desde la finalización de la Semana Santa y cuando el mundo cofrade logroñés entra en su habitual periodo de hibernación, considero necesario, exponer una serie de reflexiones a raíz de diversas publicaciones realizadas durante la pasada Semana Santa en este blog, en relación con propuestas e iniciativas impulsadas por la Hermandad.



Quien escribe estas líneas no habla desde la improvisación ni desde el desconocimiento. Lo hace desde la experiencia de quien ha crecido escuchando, observando y aprendiendo de sus mayores. Por ello, el respeto que reclamo no es hacia mi persona, sino hacia el legado que represento. Un legado transmitido por cofrades de referencia, a quienes no citaré, pero a los que siempre reconoceré como mis “maestros cofrades”. Ellos me enseñaron con su ejemplo, su exigencia y su compromiso, el verdadero sentido de ser cofrade. A ellos, y a tantos otros que me han acompañado y me acompañan en este camino, les debo una forma de entender y vivir la Semana Santa que no estoy dispuesto a ver desaparecer.


Las reflexiones que he compartido nacen de una preocupación real por la deriva que está tomando nuestra Semana Mayor. Una deriva que no es casual sino consecuencia de decisiones adoptadas por quienes tienen la responsabilidad de dirigirla. Conviene recordar algo básico, liderar no es imponer. Liderar es escuchar, dialogar, servir y construir desde el consenso. Cuando esto se olvida, se pierde el rumbo.

Innovar no puede ser, en ningún caso, sinónimo de importar ni de sustituir lo propio por lo ajeno. Abandonar, descuidar o relegar nuestras formas para adoptar modelos externos no es avanzar, es renunciar. Y esa renuncia da lugar a una preocupante desconexión con la esencia de nuestra Semana Santa. Quien asume responsabilidades debe, antes que nada, conocer, vivir y sentir profundamente aquello que pretende dirigir. Lo contrario es una irresponsabilidad.

Conviene también hacer autocrítica colectiva. Porque no todo recae en quienes toman decisiones. Existe, en algunos sectores, una preocupante tendencia a aceptar sin cuestionar, a aplaudir sin reflexionar y a evitar cualquier posicionamiento que pueda resultar incómodo. Pero la comodidad nunca ha sido compatible con el compromiso.


Es momento, además, de hablar con claridad sobre la autenticidad. La Semana Santa de Logroño podrá aspirar a ser “muy grande”, pero hoy necesita, más verdad y menos artificio; más hábito de penitencia y menos postureo; más compromiso real y menos preocupación por la apariencia. Porque sin recogimiento, sin coherencia y sin sentido, todo lo demás se convierte en una mera representación vacía.


Por mi parte, seguiré ejerciendo mi independencia de criterio. Seguiré señalando, con educación pero sin ambigüedades, todo aquello que considere criticable, especialmente cuando se ponga en riesgo el legado recibido. Callar, mirar hacia otro lado o aceptar sin más lo que se propone puede ser cómodo, pero no es responsable. Y hemos llegado a un punto en el que no todo vale.

Esto no implica rechazar cualquier iniciativa. Muchas podrían ser positivas si no supusieran, directa o indirectamente, relegar nuestro pasado o diluir nuestra identidad. Pero cuando lo novedoso se impone sistemáticamente sobre lo heredado, no estamos ante evolución, sino ante una pérdida de sentido.



Confío en que aún estemos a tiempo de reconducir esta situación. Pero para ello es imprescindible tomar decisiones valientes. Ha llegado el momento de eliminar lo superfluo: la parafernalia innecesaria, los centros neurálgicos grandilocuentes, las medallas y los pines que poco o nada aportan. Ha llegado el momento de volver a lo esencial: los cofrades. 

Escucharles, atender sus inquietudes, fomentar el diálogo real y sobre todo, recuperar la conciencia de nuestro origen como base de nuestra identidad.

Del mismo modo, no se puede seguir descuidando su formación. Una formación seria, rigurosa y coherente, orientada a comprender el verdadero sentido de la Semana Santa, el significado del hábito, del cíngulo y del capuz, la forma correcta de desfilar y, algo fundamental, la diferencia entre una estación de penitencia y una procesión.

No necesitamos buscar fuera lo que ya tenemos dentro. El valor de nuestra Semana Santa no está en lo que imitamos, sino en lo que somos. Está en nuestras raíces, en nuestra historia y en nuestra gente.Y eso no se negocia. Se protege. 

lunes, 27 de abril de 2026

Triste noticia

 

Hoy nuestro corazón cofrade está triste. Nos ha dejado nuestro hermano J. Miguel Marín Elcinto, y con su partida sentimos un profundo vacío en el seno de nuestra Cofradía.

En estos momentos de dolor, queremos hacer llegar todo nuestro cariño a su esposa, Mª de los Ángeles, a sus hijas, Susana y Marta, y de manera muy especial a sus nietos, Javier y Adriana, quienes han seguido su ejemplo y hoy continúan su camino como cofrades. Que encuentren consuelo en el abrazo cercano y en la oración sincera de toda esta familia que hoy llora junto a ellos.




Miguel fue, ante todo, un hombre de entrega. Durante años formó parte de distintas juntas de gobierno, donde trabajó con generosidad y compromiso, siempre dispuesto a ayudar, a facilitar y a construir. Su dedicación deja una huella imborrable en nuestra Cofradía.

Profundamente devoto de María Magdalena, vivió su fe con autenticidad y fidelidad. En la Semana Santa de 2025, la última en la que hablamos con él, su mirada hablaba por sí sola, reflejaba la devoción y el amor que siempre sintió por Ella y que marcaron su vida cofrade.

Hoy estamos de luto, porque sentimos su ausencia y lloramos su partida. Pero también damos gracias por su vida y mantenemos la esperanza, sabiendo que ya descansa en los brazos del Padre, junto a María Magdalena, a quien tanto amó y sirvió. Desde allí, seguirá cuidando de su Cofradía, con la misma entrega silenciosa y fiel.

Su recuerdo permanecerá vivo en cada procesión, en cada oración y en cada gesto fraterno. Descansa en paz, hermano Miguel.

Santa María Magdalena, ruega por nosotros.

domingo, 12 de abril de 2026

25º aniversario - Cuando el Silencio comenzó a hablar.

El 12 de abril de 2001 no fue solo una fecha. Fue el sueño hecho realidad. La Cofradía de santa María Magdalena tuvo una idea valiente. Crear algo distinto. Algo propio. Algo que no necesitara palabras. Así nació la Procesión del Silencio y Dolor.


No fue una decisión cualquiera. Fue una apuesta por la identidad, por la fe vivida desde dentro, por el recogimiento. Un silencio en el que cada paso hablara por sí mismo. Un silencio llevado por hombros, asegurando que la tradición no solo se recordara sino que siguiera viva en el tiempo. Un silencio abierto, además, a la fraternidad, donde cofrades de otras cofradías pudieran compartir el peso y el sentimiento.


Pero los sueños, cuando son de verdad, nunca son fáciles. Hubo reuniones, dudas, puertas que parecían no abrirse. Hubo que insistir, explicar y convencer. Horas y horas de trabajo invisible, sostenido por la fe en algo que aún no existía, pero que se sentía como necesario. Nombres propios como Rubén Pérez Lázaro y quien esto escribe, junto con el esfuerzo compartido y compromiso sincero de José Cestafe “Pepe”, Luis M. Martínez “Luisito”, Paco y Juan Carlos González Sarasa, fueron tejiendo, poco a poco, lo que acabaría siendo una realidad.



Vídeo - Procesión del Silencio 2015


Y entonces llegó la noche. Aquella noche en la que el reloj marcaba las 23:55 del Jueves Santo y el tiempo parecía detenerse. La ciudad en calma como si presintiera que algo estaba a punto de ocurrir. Y cuando las campanadas anunciaron las 00:00, ya en Viernes Santo, no solo comenzó una procesión, comenzó una historia.


María Magdalena salió a las calles, envuelta en un silencio que lo llenaba todo. No había ruido pero sí emoción. No había palabras pero sí miles de sentimientos compartidos. Cada paso era un acto de fe. Cada mirada, un reflejo de respeto. Cada instante, irrepetible. Las demás cofradías acudieron en masa, Logroño respondió y aquel pequeño grupo que un día soñó con algo distinto vio cómo su ilusión se convertía en realidad.

Desde entonces, año tras año, María Magdalena sigue caminando en la noche del Viernes Santo. Y con cada paso, se renueva algo más que una tradición, se renueva un sentimiento.


Conocer el pasado es entender de dónde venimos para mirar con fe al futuro. Porque mirar atrás es sentir orgullo. Orgullo de haber creído cuando no era fácil. Orgullo de haber formado parte de un comienzo. Y, sobre todo, es sentir gratitud. Gratitud por comprobar que aquel sueño no se quedó en un intento sino que echó raíces profundas. Que sigue vivo. Que sigue emocionando. Y que, aún hoy, el silencio… sigue hablando directamente al corazón.