El pasado 21 de febrero el hermano mayor de la Hermandad concedía una entrevista en el diario digital local NueveCuatroUno en la que se abordaban distintas cuestiones sobre el presente y el futuro de la Semana Santa logroñesa. Cliquea aquí para leerla https://nuevecuatrouno.com/2026/02/21/semana-santa-logrono-entrevista-hermano-mayor-cofradias-punto-inflexion/ https://nuevecuatrouno.com/2026/02/21/semana-santa-logrono-pospone-estreno-nuevo-cristo-resucitado/ . Las palabras invitan a la reflexión, no tanto por lo que dicen explícitamente, sino por lo que sugieren. Según parece, nuestra Semana Santa se encuentra poco menos que ante un “punto de inflexión”. Nada menos. Y claro, uno lee ciertas afirmaciones y no sabe si emocionarse… o sonreír con cierta ironía. Vayamos por partes.
¿Santa
Teresita gran centro cofrade?
Una de las novedades anunciadas es la apuesta por la Parroquia de Santa Teresita como "centro neurálgico cofrade". La idea, en sí misma, no es desacertada. Disponer de una sede amplia, organizada y con vocación expositiva, (un espacio donde puedan mostrarse los pasos de La Entrada y La Flagelación, así como los carteles y lienzos recientes), puede resultar interesante y enriquecedor. Además, afortunadamente, cuenta con el apoyo del actual párroco, que a su vez es el prior de la Hermandad, todo muy ordenado, muy presentable, muy institucional.
Ahora bien, afirmar que será el “gran centro cofrade logroñés” parece una afirmación excesiva. El verdadero epicentro de nuestra Semana Santa ha estado históricamente en el casco antiguo. Allí laten sus raíces, La Redonda, Santiago o Palacio han marcado generación tras generación el pulso de esos días y los meses anteriores a los mismos. Pretender desplazar simbólicamente ese centro es desconocer la esencia misma de nuestra tradición.
El
milagro estadístico.
Otro
de los puntos destacados en la entrevista fue el supuesto incremento notable de
cofrades tras la pandemia. Y aquí conviene detenerse. Reducir el impulso de
nuestra Semana Santa a una cuestión numérica empobrece el debate. No se trata
de cuántos somos, sino de cómo somos y qué compromiso real existe.
Si acudimos a las cifras comparativas, la realidad invita a la prudencia. Porque si hablamos de números, hablemos en serio. Ciudades de igual o menor tamaño presentan una implicación cofrade mucho mayor. La historia, además, demuestra que nuestra Semana Santa nunca ha tenido un crecimiento exponencial sostenido. Desde la fundación de la antigua Hermandad en los años cuarenta, pasando por la crisis de los setenta, el número de cofrades ha oscilado, a veces con estancamientos preocupantes.
Hablar
de “resurgir” por la incorporación de unas decenas de nuevos hermanos,
especialmente en cofradías que han atravesado dificultades internas, parece
cuanto menos precipitado.
Las
sillas del Viernes Santo
También se menciona la instalación y el "cobro-donación" de sillas en parte del recorrido del Viernes Santo, abriendo un debate legítimo. Es comprensible que existan necesidades organizativas y económicas para la nueva sede. No obstante, toda decisión que afecta a la configuración de la procesión invita a preguntarse por su sentido profundo: ¿espectáculo contemplado o manifestación compartida? No se trata de rechazar medidas concretas, sino de reflexionar sobre el modelo que deseamos consolidar.
La
nueva imagen del Resucitado
Especial mención merece la comparación realizada sobre la futura imagen del Resucitado. La nueva imagen del Resucitado contará con un imaginero contemporáneo de prestigio, nadie lo pone en duda. Perfecto. Magnífico y seguro que será una obra extraordinaria. Sin embargo, equiparar su futura obra con imágenes del siglo XVI como el Cristo de las Ánimas o la Magdalena, entra en un terreno delicado. La historia, el contexto y la devoción acumulada durante siglos son factores que el tiempo, (y solo el tiempo), termina de consolidar. Las grandes imágenes no nacen consagradas; lo son con el paso de las generaciones. Las comparaciones apresuradas suelen ser malas consejeras. El entusiasmo está bien; la perspectiva histórica también.
El
Domingo de Resurrección y la memoria reciente
Resulta curioso que ahora se plantee dar un impulso especial al Domingo de Resurrección cuando en el pasado propuestas similares encontraron obstáculos y reticencias. Hubo intentos previos por dignificar ese día, por propiciar encuentros procesionales significativos y no siempre contaron con el respaldo necesario. Quizá las circunstancias han cambiado. Quizá las sensibilidades también. En cualquier caso, conviene reconocer el trabajo previo de quienes, años atrás, ya defendían propuestas similares. Que ahora esas iniciativas prosperen es positivo. Lo que desconcierta es el cambio de criterio. Cuando las ideas eran de unos, parecían inviables; cuando proceden de otros, encuentran camino despejado. Esa incoherencia es la que genera malestar.
Como conclusión, tal vez el verdadero punto de inflexión que necesita nuestra Semana Santa no son titulares, ni centros neurálgicos, ni entusiasmos estadísticos. Quizá lo que falta son más túnicas de penitencia y humildad. Sobran trajes, corbatas, medallas y pines. Sobra protocolo. Falta sencillez. Falta coherencia. Falta apostar por lo nuestro sin intentar convertirnos en una versión norteña de lo que otros hacen mejor en su propio contexto. Porque copiar estilos ajenos no nos hace más grandes; nos hace menos auténticos. La autenticidad no se improvisa ni se importa. Se cultiva. Y al final, como en todo, la gente prefiere los originales a las copias. Porque la Semana Santa no se mide en números ni en declaraciones, sino en coherencia y fidelidad a lo que somos.
Así
que sí, puede que estemos ante un punto de inflexión. O puede que simplemente
estemos ante otro brindis al sol. El tiempo lo dirá.





























