La Cuaresma se presenta ante nosotros como un tiempo propicio para la conversión y la reconciliación. Son días para buscar una pausa necesaria, para detener el ritmo y dejar a un lado todo aquello que nos aleja de lo verdaderamente importante. Un tiempo de reflexión serena que fortalece nuestra fe y nos prepara interiormente para vivir con plenitud la Pascua.
Para el mundo cofrade, la Cuaresma es un camino imprescindible, un periodo de preparación que actúa como preludio de la Semana Santa. Es el momento de mirar hacia dentro, de reafirmar compromisos y de dar sentido a cada gesto que, más adelante, se expresará en la calle.
Con la llegada de este tiempo litúrgico, el lunes 16 se presentaron los actos cuaresmales. Un primer paso que marca el inicio de este itinerario de fe, recogimiento y preparación, invitándonos a vivir la Cuaresma con profundidad y espíritu cofrade.
Hoy, Miércoles de Ceniza, se ha hecho oficial el cartel que anuncia nuestra Semana Santa. El Cristo de las Ánimas es el protagonista, cuyo autor es el pintor logroñés Jesús Domingo. La obra muestra al Cristo de las Ánimas sobre varios claveles de color morado. El autor describe su pintura: "cargada de simbolismo, evocando recogimiento, fe y tradición. Invitando a vivir con intensidad, devoción y silencio la Semana Santa".
Este año podemos decir con convicción que la Semana Santa de Logroño tiene cartel. Y no es una afirmación menor. Gustará más o menos pero después del sonado fiasco del año pasado, cuando se optó por aquel discutido "cuadro-retrato" que dejó a buena parte de cofrades y ciudadanos con más dudas que entusiasmo, parecía necesario “un golpe de timón”. Afortunadamente, se ha tomado nota.
La Semana Santa además de su religiosidad, tradición, pasos y procesiones; guste o no, también es imagen, identidad y carta de presentación ante la ciudad y quienes nos visitan. El cartel anunciador cumple una función especial: sintetiza en una sola mirada el espíritu de unos días cargados de emoción, fe y patrimonio. Cuando esa imagen falla, algo se resiente en el conjunto.
Por eso este año, la sensación es distinta. La Hermandad ha sabido gestionar mejor este aspecto tan simbólico. Se percibe una decisión más meditada, más acorde con lo que representa la Semana Santa logroñesa y con lo que la gente espera de un cartel anunciador: fuerza, personalidad y coherencia.
Rectificar es de sabios y escuchar, aún más. Bienvenido sea este cambio de rumbo. Porque cuando las cosas se hacen bien, también conviene decirlo. Y este año, al menos en lo que respecta al cartel, la Semana Santa de Logroño vuelve a estar a la altura de su tradición.




















