miércoles, 25 de marzo de 2026

Memoria de una cofradía valiente

Ayer, uno de los artículos publicados en el medio digital Nuevecuatrouno, (cliquea y lee), ponía el foco en el protagonismo y la presencia de la mujer en nuestras cofradías. Una realidad que hoy asumimos con naturalidad, reflejo de una sociedad más justa e inclusiva. Sin embargo, no siempre fue así.

No hace tanto tiempo, la incorporación plena de la mujer a determinadas funciones dentro de nuestras cofradías generaba debate e incluso incomprensión. Nuestra cofradía, pionera en permitir que sus cofrades féminas cargaran a María Magdalena, vivió de cerca ese proceso de cambio, con sus luces y sus sombras. Quienes lo vivimos recordamos bien aquellos momentos en los que, ante comentarios impropios de lo que se espera de un cofrade, no quedó más remedio que responder con firmeza.



Hoy, además, la memoria nos lleva a una fecha significativa: se cumplen 29 años de la entrevista que el Diario La Rioja publicó el 23 de marzo de 1997 a Laura Briñas, cofrade por entonces. Aquel testimonio no solo recogía una experiencia personal, sino que dejaba constancia de un paso decisivo. La firme apuesta de nuestra cofradía por la igualdad, permitiendo que las mujeres cargaran a María Magdalena en las mismas condiciones que los hombres. Sin duda, una pequeña gran revolución en nuestra Semana Santa, que situó a nuestra cofradía entre las más avanzadas de su tiempo.


SALIR AL PASO


Diario La Rioja 23 de marzo de 1997.


Artículo escrito por: P. Álvarez-Isabel Briñas – E.S.M.


Un año más, fieles a su santa cita, las cofradías están ya preparadas para manifestarse. Desde fuera, sobrecogen. ¿Pero desde dentro? ¿Cómo son? Aquí lo cuentan tres de sus miembros, separados por la edad o el sexo pero unidos por su fe común.



La Semana Santa ya no es cosa de hombres. Aunque tampoco se puede hablar de igualdad en las cofradías. Porque si preguntas a Laura Briñas, (21 años,  desde los 5 en la Cofradía de María Magdalena), la respuesta es rotunda. “Hay muchísimo machismo aunque en mi cofradía no tanto”.


La devoción es la misma, las ganas son iguales, pero siguen quedando prejuicios. Después de ser acompañante y de participar en la banda de tambores, Laura quería vivir las procesiones desde debajo del paso.


“Después de llevar tanto tiempo en la cofradía, te dices, quiero llevar la imagen. Vas delante de ella, ves cómo la portan y cómo la bailan y, te pica el gusanillo” explica. Pero no es fácil.


“Enseguida te empiezan a decir que si eres chica, que si no tienes fuerza. Oyes comentarios, gente que dice que por qué la va a llevar una mujer habiendo hombres.” Ella no admite el prejuicio de la fuerza. “Hay gente llevándola que tiene menos fuerza que yo, hay personas muy mayores sacando el paso, gente que agacha el hombro y no lo mete”.


“Si ellos lo hacen, yo también puedo hacerlo”, se propuso y poco a poco va consiguiendo cosas. “Ha habido mucha gente que me ha apoyado”, afirma. El año pasado ya consiguió algo: sacó el paso pequeño, (la imagen que sale el Viernes de Dolor), durante gran parte de la procesión y le dieron varios relevos en el paso grande el Viernes Santo. Con todas las ganas del mundo y la intención de que nadie pudiera echarle nada en cara. “No sé si llevaba bien o mal el paso pero puse todo mi empeño. Aquí nadie va a notar que es una chica quien lo lleva porque no lo voy a dejar notar”.


De todos modos, meterse debajo del paso no es fácil, ni siquiera para los hombres. “Hay gente que dice, esta es mi vara y sólo la llevo yo, es algo que no entiendo”.


Para esta joven mujer, la igualdad debe llegar también a estos terrenos. “Es motivo por el que yo quería salir llevando el paso. Si se está consiguiendo igualdad en otras partes, también aquí”.


Y llevar un paso no es nada fácil. Salir con el pie izquierdo, marcar el paso, no pisar la túnica de quien va delante, llevar el ritmo con el báculo…, “La gente lleva sacándolo muchísimo tiempo y me llevan ventaja”.


Para hacer esto hace falta devoción. Ella no esconde su condición de creyente, “aunque últimamente no practico mucho”. Pero en Semana Santa visita la iglesia aunque no quiera porque también forma parte de la Coral de La Redonda. Todo un ejemplo de fidelidad a una creencia, algo que no es muy común entre los más jóvenes.


“El año pasado teníamos una cena el Miércoles Santo, yo fui a la procesión y hubo gente que se reía”. Lo que se pide en estos casos, como siempre, es respeto. “Respetad lo que hago y punto, dejadlo ahí”, es lo que pide Laura, aunque ella reconoce que hay poca gente de su edad que vaya a misa y, menos que hagan estas cosas.


Los 17 años de pertenencia a “La Magdalena” de esta estudiante de Químicas, “más que mucha gente mayor”, no son un caso aislado en su familia. Su padre y sus dos hermanos se enfundan también los hábitos grises y negros de esta cofradía. ¿Qué es lo que empuja a la gente a la Semana Santa? ¿Cuánto de auténtica devoción y cuánto de folclore queda en esta fiesta?


“Es folclore casi todo”, explica Laura. “Pero también hay mucha devoción. En “La Magdalena” salen muchas penitentes y ahí no hay más que devoción”. Pero el aspecto folclórico es algo que no se puede negar. “Llevo 17 años en la cofradía y hay mucha gente a la que no conozco porque sólo se les ve el Viernes de Dolor y el Viernes Santo. Y encima tapados”.


Pero estas formas de vivir la devoción están cogiendo auge, ahora hay bastantes más cofrades en la cofradía que antes. “Recuerdo años en los que no había relevos para los portadores”. Ahora hay de sobra y cómo no, tambores. “Era un poco triste ir en la procesión, oír tambores delante y detrás y La Magdalena, la pobre sin banda”.


Ahora La Magdalena saldrá con su banda, rodeada de sus cofrades y, si ningún prejuicio lo impide, con Laura bajo las andas. Y es que la Semana Santa ya dejó hace tiempo de ser cosas de hombres.




viernes, 20 de marzo de 2026

Artículo - Revista Semana Santa 2026

Un cuarto de siglo de fe, amor y recogimiento.




Este año 2026, la Cofradía de María Magdalena conmemora el 25 aniversario de la Procesión del Silencio y Dolor, una cita marcada por el recogimiento, la penitencia y el profundo amor con el que sus cofrades reviven uno de los momentos más conmovedores de la Semana Santa logroñesa.


Esta procesión nació en el año 2001 como un acto penitencial propio, fruto del deseo de expresar de forma más profunda el sufrimiento y acompañamiento que María Magdalena representa en la Pasión de Cristo pero también la esperanza de la Resurrección.





Desde aquel año, cada Viernes Santo, cuando a las doce de la noche se abre la puerta principal de La Redonda, el corazón del casco antiguo de Logroño se transforma en escenario de una procesión única. El paso de María Magdalena avanza en absoluto silencio: símbolo de lealtad, arrepentimiento y amor sin medida. Un silencio en momentos roto por el sonido seco del mazo, el golpeo de las horquillas y el murmullo de los pasos sobre los adoquines. 



Cada año, la Cofradía camina con María Magdalena con fe renovada, conscientes de que esta procesión no solo rememora el pasado, sino que fortalece el presente espiritual de quienes participan. Es un momento de reflexión no solo personal sino también colectivo, que medita sobre el dolor de la muerte de Cristo y la fidelidad de quien estuvo al pie de la cruz. Convirtiéndola en un espacio de discernimiento, donde el silencio se convierte en lenguaje sagrado.

Por ello, este aniversario es más que una cifra. Es un homenaje a todos los que, año tras año, han hecho posible esta expresión de fe: penitentas, cofrades, religiosos, feligreses y ciudadanos que, en silencio, acompañan y sienten. 


La Cofradía celebra esta efeméride con gratitud por el camino recorrido y mira al futuro con ilusión y humildad con el compromiso de mantener viva esta tradición que ya forma parte del alma espiritual de nuestra ciudad. Cada hermana y hermano, cada fiel, cada persona que presencia o participa en esta procesión forma parte de un legado que se construye con fe, devoción, amor y entrega.

Hoy, 25 años después, María Magdalena sigue caminando en la noche. Y el silencio sigue hablando al corazón. 




miércoles, 18 de marzo de 2026

Procesiones y actos - Semana Santa 2026

Hace unos días se hicieron oficiales los actos y procesiones de la Semana Santa de Logroño 2026. Un programa que vuelve a reunir a cofrades, fieles y visitantes en torno a unas celebraciones que llenan las calles de recogimiento, solemnidad y devoción.

En la guía-programación de la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño, se ofrece una completa relación de procesiones y actos que, a lo largo de los días, darán forma a nuestra Semana Santa. 

Cada desfile procesional, cada acto litúrgico y cada encuentro cofrade son expresión de una historia compartida y de un compromiso que se renueva año tras año.















La Semana Santa de Logroño 2026 se presenta así como un tiempo para la reflexión, la convivencia y la vivencia pública de la fe, manteniendo vivas unas tradiciones que forman parte de la identidad de la ciudad y que siguen transmitiéndose de generación en generación.






domingo, 15 de marzo de 2026

Ensayo general

Hoy se ha celebrado el tradicional ensayo general con los portadores y la banda, comenzando la cuenta atrás en el calendario hacia la Semana Santa. Un momento muy esperado que marca el inicio de los días más intensos, en los que la ilusión, la responsabilidad y el compromiso se sienten con más fuerza que nunca.






Vídeo Ensayo General 2026





Este ensayo ha sido, sobre todo, un reencuentro. Un tiempo para hacer comunidad y reconocernos como parte de una misma familia. Cada paso, cada indicación y cada compás compartido refuerzan los lazos que nos unen y nos recuerdan quiénes somos y por qué estamos aquí.

Fieles a nuestra identidad, esta mañana también ha servido para confirmar que nuestra cofradía sigue firme, viva y con mucha vida. 

Con el corazón dispuesto y el trabajo bien hecho, afrontamos lo que está por venir con la certeza de que, una vez más, caminaremos juntos acompañando a María Magdalena.





viernes, 13 de marzo de 2026

Crecer sí, copiar no. El debate pendiente de la Semana Santa logroñesa entre otras cosas.

Es de agradecer el seguimiento que están haciendo durante esta Cuaresma desde NueveCuatroUno sobre nuestra Semana Santa, sus cofradías,…, ¡gracias! 

Aunque leyendo este artículo: Una revolución nada silenciosa (cliquea y lee), me han surgido de nuevo dudas y puntos de vista distintos. El artículo plantea una visión optimista sobre la evolución reciente de la Semana Santa de Logroño, gracias a la “mejora musical” y el aumento de miembros en las bandas. Sin embargo, esa lectura entusiasta también abre la puerta a un debate necesario. ¿Hasta qué punto ese crecimiento y esa transformación están reforzando la identidad propia de nuestras cofradías? o, por el contrario, ¿diluyéndola en modelos importados que poco tienen que ver con nuestra tradición?


Es indudable que el surgimiento de nuevas formaciones musicales y el empuje de agrupaciones como la de la Flagelación representan un esfuerzo digno de reconocimiento. Detrás de cada ensayo, de cada concierto y de cada procesión hay decenas de jóvenes y no tan jóvenes dedicando tiempo y pasión a la Semana Santa. Eso, en una sociedad cada vez más alejada de las tradiciones religiosas, tiene un enorme valor. También es cierto que las bandas se han convertido en una puerta de entrada para muchos nuevos cofrades y contribuyendo al crecimiento de las cofradías .

Sin embargo, el debate no debería centrarse únicamente en la calidad de los “músicos” o en la calidad técnica de las bandas. La cuestión de fondo es otra: ¿qué tipo de Semana Santa queremos construir? Porque mejorar lo que tenemos no significa necesariamente copiar lo que se hace en otros lugares.



Durante los últimos años, la Semana Santa logroñesa se ha mirado demasiado en el espejo del sur. En un primer momento hace varias décadas, llegaron influencias  del Bajo Aragón, que, aunque distintas a nuestra tradición castellana, convivían de alguna manera con la idiosincrasia local. Pero después se ha ido imponiendo con fuerza un modelo claramente andaluz, el famoso “virus del sur”: pasos llevados a costal, repertorios de marchas, vocabulario importado: “titular”, “hermandad”, “estación de penitencia”, “levantá” e incluso una estética, (medallas al cuello), que poco a poco transforma el carácter de nuestras cofradías y procesiones.

El problema no es el respeto hacia otras formas de vivir la Semana Santa, que sin duda tienen una enorme riqueza. El problema surge cuando esa influencia termina sustituyendo lo propio en lugar de complementarlo. Cuando se empieza a considerar que lo de fuera es mejor que lo que se ha heredado.

De hecho, no hace tantos años ocurría algo revelador. Costaba ubicar a la banda municipal de música en el Santo Entierro, porque ese estilo de marchas no “encajaba” con lo que aquí se entendía o vivía. 

Hoy, en cambio, el modelo de llevar como dicen: “al sagrado titular a costal al compás de la banda con marchas del sur”, parece haberse convertido en algo incuestionable, en el “no va más”. El cambio ha sido tan rápido que apenas ha habido tiempo para reflexionar sobre lo que se gana y lo que se pierde.

Y lo que se pierde, en muchos casos, es identidad. Las raíces castellanas de nuestra Semana Santa se han ido diluyendo hasta el punto de que apenas se perciben en contadas ocasiones. Quizá uno de los pocos momentos en que todavía se reconoce claramente ese carácter sobrio y propio sea la Procesión del Silencio y Dolor de María Magdalena. En ella todavía late una forma distinta de entender la religiosidad popular: más austera, más recogida, menos espectacular.

Por eso conviene preguntarse si la mejora musical por sí sola basta para afirmar que nuestra Semana Santa es ahora mejor o más relevante. La calidad sonora puede elevar el nivel de las procesiones, sin duda. Pero una tradición no se mide solo por su potencia musical o por la espectacularidad de portar sus pasos, sino por la autenticidad con la que expresa la historia del lugar donde nace.

Si el crecimiento actual se basa únicamente en importar modelos externos, existe el riesgo de que la Semana Santa de Logroño termine pareciéndose demasiado a muchas otras. Y cuando todo se parece, lo único que se pierde es precisamente aquello que hacía especial a cada sitio.

Por eso el verdadero reto no debería ser copiar ni competir con otras tradiciones, sino fortalecer lo propio. Mejorar lo heredado, hacerlo evolucionar con inteligencia y sin complejos, pero sin renunciar a su esencia. Porque si en ese proceso olvidamos de dónde venimos, corremos el riesgo de quedarnos, como suele decirse, sin norte.

Y entonces, todo este entusiasmo que hoy parece imparable podría terminar siendo algo pasajero: un fenómeno que crece rápido, se infla con fuerza… y que, como un suflé cofrade, acaba desinflándose con la misma rapidez con la que surgió.


Pero hay más, este artículo: La Semana Santa de Logroño escenifica este sábado su gran ensayo general, (cliquea y lee),refleja de una forma muy concreta de entender la Semana Santa. ¡Ojo! Y me parece muy respetable, (para gustos, los colores)  pero ya me preocupa cuando en la Hermandad también la puedan entender como evento y espectáculo. 




El anuncio del traslado de la Flagelación y del Cautivo hasta la iglesia de Santa Teresita se presenta nada menos que como la “antesala de un acontecimiento histórico”. Una afirmación que invita a la prudencia. La historia, normalmente, no se anuncia; se reconoce con el paso del tiempo.

Calificar de histórico un ensayo general con bandas “de primer nivel” revela también algo más profundo: el lenguaje con el que empezamos a describir nuestras tradiciones. Cuando el imaginario deportivo se convierte en referencia para explicar un acto religioso, cabe preguntarse si no estamos desplazando el centro de gravedad de la Semana Santa desde la devoción hacia el espectáculo.

No se trata de negar la importancia de las bandas ni el valor de los traslados. Pero cuando el énfasis recae en el “nivel”, “gran ensayo” y en la puesta en escena o en la magnitud del evento, el riesgo es convertirlo en algo más parecido a una “cabalgata-festival” que a una expresión de fe.

El texto también celebra que la iglesia de Santa Teresita comience a perfilarse como nuevo punto de referencia del mundo cofrade logroñés, con el respaldo de la Hermandad de Cofradías. En su día, ya hablé sobre ello, (Reflexiones). Pero conviene preguntarse si el camino para fortalecer la Semana Santa de Logroño pasa por tener un gran centro neurálgico y expositivo o por reforzar precisamente aquello que la ha mantenido viva.






miércoles, 11 de marzo de 2026

Entrevista a Marimar Cestafe: servicio, compromiso y tradición cofrade

Desde el inicio de la Cuaresma, el periódico digital NueveCuatroUno está realizando una serie de entrevistas a los Hermanos Mayores de las once cofradías de nuestra ciudad, ( cliquea y lee), con el propósito de acercar a los lectores su vida interna, su historia y “el sentir” que se vive durante estas semanas previas a la Semana Santa.

En esta ocasión, la protagonista de la entrevista es nuestra Hermana Mayor, María del Mar Cestafe, (cliquea y lee Cofradía María Magdalena), quien comparte su experiencia al frente de la cofradía y ofrece una mirada cercana sobre el significado que tiene la Semana Santa. A lo largo de la conversación, reflexiona sobre la responsabilidad de guiar y servir, la importancia de mantener vivas las tradiciones y el compromiso colectivo que hace posible cada uno de los actos y procesiones.


La entrevista nos permite conocer de primera mano el trabajo constante, la dedicación y la ilusión con la que se prepara cada detalle. Un testimonio que refleja la familia que somos, el esfuerzo y la entrega de todos los cofrades que, año tras año, contribuyen a que estas fechas tan significativas sigan ocupando un lugar tan especial en nuestras vidas.