miércoles, 22 de julio de 2026

María Magdalena, faro de fe y fidelidad.


Hoy, 22 de julio, celebramos la festividad de santa María Magdalena, una de las figuras más profundas y cercanas del Evangelio. Su vida, marcada por la transformación, la fidelidad y un amor inquebrantable a Cristo, continúa siendo un faro que ilumina el camino de quienes, como nosotros, caminamos bajo su nombre y protección.

María Magdalena no fue solo testigo, sino protagonista de uno de los momentos más decisivos de la historia. Permaneció junto a la cruz en el dolor y recibió el anuncio de la Resurrección, convirtiéndose en la primera mensajera de la esperanza.



Esa esperanza es, precisamente, el corazón que late en nuestra Cofradía. Al contemplar su figura, encontramos reflejados los valores que dan sentido a nuestra identidad. La fidelidad en los momentos difíciles, la valentía de permanecer firmes y la alegría de anunciar que la vida vence a la muerte. María Magdalena nos enseña que el encuentro con Cristo transforma la existencia y nos impulsa a salir al encuentro de los demás con un mensaje vivo y necesario.



Como cofrades magdalenos, no podemos quedarnos únicamente en su ejemplo. Tenemos el deber de continuar transmitiendo ese mensaje de esperanza que Cristo confió a ella. 

En un mundo necesitado de consuelo, fe y sentido, nuestra voz, nuestros actos y nuestro compromiso deben ser eco de aquel primer anuncio pascual. No se trata solo de tradición, sino de responsabilidad. Ser portadores de una luz que no nos pertenece, pero que estamos llamados a custodiar y compartir.

En este compromiso ocupa un lugar esencial la custodia de la imagen de “La Magdalena” en la Concatedral de La Redonda. No es solo una talla venerada, sino un símbolo vivo de la fe de generaciones enteras de logroñeses y devotos. 

Cuidarla, protegerla y honrarla es también honrar la memoria de quienes, antes que nosotros, mantuvieron encendida esta devoción. Somos herederos de un legado que no puede perderse y nuestra tarea es transmitirlo con la misma entrega con la que lo recibimos.


Esa devoción a santa María Magdalena se hace especialmente visible y emotiva en las celebraciones de Semana Santa. Las penitentas y penitentes la acompañan en un caminar silencioso, cargado de recogimiento y devoción. Testimonio vivo de fe que atraviesa generaciones. En cada paso evocan el dolor, la fidelidad y el amor que la propia Magdalena vivió junto a Cristo. Son reflejo de una espiritualidad profunda que da sentido a nuestra Cofradía.

Nosotros, como cofrades, seguimos manteniendo viva esa devoción porque en Ella encontramos una forma de vivir. En María Magdalena descubrimos cercanía, humanidad y redención, en su historia, vemos reflejadas nuestras propias luchas y esperanzas.


Por eso seguimos, año tras año, reuniéndonos en torno a su memoria. Porque creemos en el mensaje que Ella anunció. Porque sentimos la responsabilidad de custodiar lo que hemos recibido. Y porque, como Ella, queremos ser testigos de que la esperanza nunca muere.