El verano avanza, dejando atrás los días de descanso, las tardes largas, los viajes y esos momentos en los que intentamos desconectar de la rutina y recuperar fuerzas.
También el mundo cofrade parece entrar durante estos meses en una especie de pausa. Pero, ¿realmente se detiene una Cofradía durante el verano? Creo que no. Porque una Cofradía no es solamente lo que vemos durante unos días al año. No son únicamente las procesiones, los pasos en la calle, los tambores, etc. Una Cofradía es mucho más. Es aquello que permanece cuando todo eso desaparece de nuestras calles. Es la amistad, la convivencia, la oración, la memoria, el compromiso y sobre todo, el sentimiento de pertenecer a una familia.
Y precisamente por eso, cuando el verano comienza a tocar a su fin, llega también el momento de volver a mirar hacia delante. Esperando hasta que vuelva a llegar el momento. Pero mientras esperamos, también pensamos. Y quizá este sea uno de los mejores momentos del año para hacerlo. Sin las prisas de la Cuaresma ni la intensidad de la Semana Santa, el verano nos permite mirar a nuestra Cofradía con cierta distancia y preguntarnos qué queremos para ella, qué estamos haciendo bien y sobre todo, qué podemos mejorar. Porque comenzar un nuevo curso no debería significar simplemente volver a reunirnos y poner en marcha el calendario de actividades. Debería significar renovar nuestro compromiso. Compromiso con María Magdalena, con nuestra Cofradía y con quienes nos precedieron. Con aquellos hermanos que durante tantos años trabajaron, muchas veces sin hacer ruido para que hoy nosotros podamos seguir vistiendo un hábito y acompañando a nuestra Santa por las calles de nuestra ciudad. No podemos olvidar que lo que tenemos hoy no apareció de la nada. Detrás de cada tradición hay personas, esfuerzo, sacrificio y muchas horas de dedicación. Y detrás de cada cofrade hay una historia que merece ser escuchada. Por eso, cuando hablamos del futuro, no deberíamos hacerlo olvidándonos del pasado. Avanzar, sí. Crecer, por supuesto, pero sin perder aquello que nos hace ser nosotros mismos.
En los últimos años hemos hablado mucho de renovación, de nuevos proyectos, de incorporar gente joven, de buscar nuevas formas de acercar las cofradías a la sociedad, etc. Todo ello puede ser necesario, pero quizá la verdadera renovación no consista siempre en cambiar cosas. A veces renovar es volver a lo esencial. Volver a la oración. Volver a la convivencia. Volver a ayudarnos unos a otros. Volver a entender que ser cofrade no consiste únicamente en salir en una procesión, sino en estar cuando hace falta, en acompañar al hermano y hermana, en participar, en colaborar y en mantener viva una devoción que hemos recibido de quienes estuvieron antes que nosotros.
Y aquí aparece, una vez más, María Magdalena. Ella tampoco se quedó quieta. Fue testigo de la Pasión, permaneció junto a la cruz cuando otros habían desaparecido y recibió el encargo de anunciar la Resurrección. Su vida es, en definitiva, un ejemplo de perseverancia, fidelidad y anuncio. Quizá por eso su figura tenga tanto que enseñarnos también cuando comienza un nuevo curso cofrade.
Después del descanso toca ponerse nuevamente en camino. Volverán los ensayos, las reuniones, los proyectos, los preparativos y seguramente, también las discrepancias. Porque una Cofradía viva es una Cofradía en la que hay personas que sienten, opinan, trabajan y se implican.
Lo importante será no olvidar nunca por qué estamos aquí. Que nadie se quede en el camino. Que quienes llegan encuentren una familia. Que quienes llevan muchos años sigan sintiendo que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que quienes algún día reciban nuestro testigo puedan mirar atrás y decir que supimos conservar aquello que merecía ser conservado.
El verano se acaba. Un nuevo curso cofrade comienza. Volveremos a encontrarnos, a hablar, a trabajar y poco a poco, volveremos a contar los días que faltan para que María Magdalena vuelva a salir a las calles de nuestra ciudad. Hasta entonces, disfrutemos de lo vivido, aprendamos de lo pasado y preparemos con ilusión lo que está por venir.




