domingo, 18 de enero de 2026

La importancia de pertenecer a una cofradía en la sociedad actual

El otro día me encontré con un conocido que, tras saludarnos y hablar de todo un poco, me preguntó si seguía en la cofradía. Le respondí con orgullo afirmativamente, pero mientras caminaba de vuelta a casa aquella pregunta comenzó a acompañarme. Empecé a preguntarme por qué sigo ahí, por qué soy cofrade, qué sentido tiene hoy mantener este compromiso personal y colectivo.

La respuesta fue clara. En un mundo cada vez más individualista y acelerado, pertenecer a una cofradía representa mucho más que una expresión de religiosidad. Es una forma concreta de servir, de fortalecer la identidad colectiva y de mantener vivo un legado que ha sido transmitido durante generaciones. Las cofradías no solo conservan la tradición y la cultura, sino que son espacios vivos de fe, compromiso y servicio.

Ser cofrade es asumir el reto de evangelizar y hacerlo sobre todo a través del ejemplo. Es comprometerse con una misión que no se limita a los actos litúrgicos o a la Semana Santa, sino que se extiende en el día a día, en la manera de actuar, de servir y de relacionarse con los demás. La devoción que une a los cofrades no es una simple costumbre. Es una experiencia profunda de encuentro. Cada procesión, cada oración compartida, fortalece la espiritualidad personal y refuerza el sentido de pertenencia a una comunidad con valores sólidos.

Hoy más que nunca, las cofradías son muy necesarias y afrontan el desafío de renovar su compromiso con la sociedad. Frente a la indiferencia y al vacío espiritual, los cofrades estamos llamados a ser luz, a dar testimonio y a mantener viva una herencia que es al mismo tiempo espiritual, social y cultural.

Por todo ello, pertenecer a una cofradía es formar parte de una historia de fe que sigue escribiéndose con cada gesto, en la que el ejemplo de los más comprometidos continúa marcando el camino para las generaciones futuras y haciendo que la historia de nuestras cofradías siga latiendo.

domingo, 4 de enero de 2026

Año nuevo

Al comenzar 2026, un nuevo ciclo se abre ante nosotros y con él, se nos presentan nuevas oportunidades y retos que nos ayudarán a seguir creciendo como familia cofrade.

Este año, además, tiene un motivo aún más especial: celebramos el 25º aniversario de la Procesión del Silencio. 

Veinticinco años de tradición, de recogimiento, de oración silenciosa por las calles de nuestra ciudad. Un testimonio de la fe que nos une y de la profunda devoción que sentimos por María Magdalena.





 
Procesión del Silencio -2008-


Recordamos con cariño y respeto los primeros pasos de esta procesión. Aquellos en los que iniciamos un camino que, con el tiempo, ha ido creciendo en intensidad. 

Hoy, la Procesión del Silencio es perfecta descripción de cómo es nuestra Cofradía. Cada año, la ciudad se viste de recogimiento y en el silencio de la noche, resuena la solemnidad de nuestro caminar y la esperanza que nos trae el sacrificio y la Resurrección de Cristo, acompañados siempre por el testimonio de María Magdalena.



En estos 25 años hemos visto cómo nuestra procesión ha calado en los corazones de los logroñeses y en todos aquellos que vienen a compartir con nosotros este momento único. La procesión es una experiencia colectiva, un espacio de reflexión, discernimiento y de encuentro con lo más profundo de nuestra fe.



Este aniversario es motivo de celebración, pero también de reflexión. Es un momento para recordar lo que hemos construido juntos, pero también para renovar nuestro compromiso con la Cofradía, con nuestra ciudad y, por supuesto, con nuestra fe. Sigamos, como hemos hecho durante estos veinticinco años, caminando en el silencio pero también en la acción, en la solidaridad y en el amor a los demás.


Que este 2026 sea un año en el que demos testimonio de nuestra devoción a María Magdalena, que sigamos creciendo en fraternidad y en espíritu, y que, especialmente celebremos con alegría este hito tan significativo de la Procesión del Silencio. 


Que la luz de María Magdalena nos guíe e ilumine en nuestro caminar.